Tal vez era marzo, lo recuerdo por la incipiente lluvia, en esos días lo negué, pero me encantó su sonrisa y la timidez con la que se agachaba para reír de mi estupidez.
Platicamos un poco, hablamos de abandono, de historias con saña y otros temas comunes.
Se borró de mi memoria por completo al siguiente día. Dos meses después me vino a la mente, de la manera más extraña, sólo sabía que se trataba de la esa chica... una delgada, de nariz chistosa, de dientes afilados, ella, la de la blusa de flores, esa que fuiste a dejar a nuestra mesa porque no tenía amigos en la fiesta.
La segunda vez, me pareció increíble. Caminó hacia en silencio, mí mirándome y mirando hacia los lados tratando de que nadie la reconociera, trataba de recordar mi rostro, esta vez era ella quien conocía a todos los de la fiesta y se sentó frente a mi.
Tampoco olvido su voz, desde la segunda vez que la oí.
-¿Cómo estás?-
Lo dijo en un tono sonriente, eran finales de Junio.
Por esos días la muerte de mi abuela aún pesaba, dejé la fiesta a eso de las seis, no quería saber nada, no quería saber de nadie y tampoco de ella.
Un fin de semana después recibí su llamada.
Pasamos cuatro años juntos, nos separamos exactamente el mismo día de nuestra primera noche juntos.
Y nunca olvidé su rostro.
1 comentario:
Los amores inolvidables esos que parecen indelebles pero el tiempo demuestra lo contrario :)
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